Opinión

Describiendo la comida: diferencias interculturales

Todos usamos las palabras para referirnos a la forma en que lo percibimos a través de los sentidos. Cada idioma tiene un bagaje de vocabulario para aplicar términos específicos a la descripción de platos, ingredientes y bebidas, que aportan a la imaginación del oyente un panorama sobre cómo debió ser la experiencia de degustar ese plato.

La forma en que nos referimos a un plato puede ir desde descripciones como picante, empalagoso, suave, crujiente, espumoso, contundente, ácido, amargo, fresco, dulce, crujiente, untuoso y un sinfín de palabras que evocan sensaciones. Conscientes de lo que las palabras provocan en la mente del comensal, existen estudios de ingeniería de menús para seleccionar las palabras más adecuadas para describir un plato que puede resultar atractivo al comensal por su mera descripción. Según un estudio realizado en Reino Unido sobre el poder de las palabras incluidas en los menús, las que resultaron más atractivas fueron las de fresh (fresh), picante (spicy) y tender (tierno). Por el contrario, si en la descripción de un menú se encontraban palabras como picante (ácido/picante), fragante (aromático) o batida (malteada), esto desalentaba al comensal a elegir ese plato.

Es interesante analizar esto a la luz de las diferencias interculturales. Por ejemplo, en México, hasta tiempos recientes los menús especifican que un platillo puede ser picante –dado el creciente número de extranjeros que visitan un lugar de comida mexicana– algo que mucha gente entiende de antemano, ya que no es necesario describirlo en un mexicano. plato, que el sabor será picante, en muchas ocasiones. Además, en algunos casos hay que preguntar previamente por la intensidad del picante de un plato. También dependiendo de las características del alimento, la descripción puede ser apetecible o todo lo contrario: por ejemplo, un huevo crudo no es tan apetecible como un salmón crudo tipo sashimi o un kampachi crudo, el delicioso pescado blanco que se consume en Japón. Otro ejemplo de cómo el adjetivo puede percibirse de manera diferente es “glutinoso” para referirse al arroz: si hablamos de arroz rojo, el hecho de calificarlo de glutinoso remite inmediatamente a arroz “pegajoso” que no se esponjó por exceso de agua. Pero si nos referimos a glutinoso en el contexto del típico postre tailandés arroz glutinoso con mango, la aglomeración es una característica deseada en el arroz.

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Las palabras en cada idioma para describir los alimentos pueden ser difíciles de interpretar en otro idioma. Por ejemplo, la mencionada palabra tangy en inglés significa un alimento que deja cierto picor ácido, que hace que las mejillas se tensen. Una comida batida o batida que se refiere a los platos que son batidos hasta el punto de montarlos, como es el caso de la nata montada que, dependiendo de su uso, puede resultar o no apetecible. Así, podemos interpretar, por ejemplo, que lo picante para una cultura, para otra es simplemente algo sazonado con especias como pimentón, canela o pimienta, y poco tiene que ver con el contenido de chiles que tenga la preparación. . En Estados Unidos, una pasta descrita como cremosa es un atributo deseado, mientras que en Italia sería en muchos casos una característica indeseable.

La forma en que nos referimos a la comida cambia interculturalmente y evoca de manera muy diferenciada las sensaciones que provoca un alimento.

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