Opinión

Militarización y polarización, la herencia de López Obrador

Si bien aún faltan 3 años para que finalice el sexenio, ya se puede vislumbrar cuáles serán las herencias de López Obrador para el próximo gobierno.

Hay quienes piensan que el daño a la economía va a ser difícil de superar, yo creo que más allá de los pésimos resultados económicos del gobierno, apenas termine el sexenio y si no llega gente como Claudia Sheinbaum, ¿quién? No veo más allá de las narices de López Obrador, va a haber un cambio en la relación del gobierno con los sectores productivos y en ese momento la inversión privada, que ha sido frenada, responderá de inmediato al llamado del nuevo presidente.

El actual sexenio ya es un sexenio perdido en términos económicos, en términos de empleo y reducción de la pobreza, pero con un gobierno que recupere la confianza del sector privado, la economía recuperará inmediatamente su dinamismo y seguramente podremos tendrá un plazo de seis años que marcará un récord de crecimiento económico y de empleo.

Los programas sociales y los costos operativos de sus grandes proyectos, el Tren Maya, el aeropuerto Felipe Ángeles y el proyecto del istmo, serán un pesado legado para las finanzas públicas del próximo gobierno y obligarán a una reforma fiscal postergada por muchos años y que es una condición para dinamizar la economía y garantizar los derechos sociales.

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Hay, sin embargo, dos legados de López Obrador que no serán fáciles de revertir: la militarización y la polarización social. En el caso de los primeros, no será fácil quitarle al ejército todas las actividades civiles que le han sido confiadas, no sólo en lo que se refiere a la Guardia Nacional, sino también otras que le han sido transferidas a los militares. Por otro lado, la Guardia Nacional está compuesta básicamente por militares y devolverla al ámbito civil se va a topar con la resistencia de muchos de ellos que no van a querer dejar de ser militares.

Será mucho más difícil revertir la polarización social y recuperar la unidad nacional. El presidente López Obrador lleva 3 años polarizando no solo la vida política, sino también la vida social al confrontar a la gente con su discurso de liberales vs conservadores y ricos vs pobres. El resentimiento que está creando en ciertos sectores de la población puede ser una amenaza para la estabilidad política y social en los próximos años.

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López Obrador necesita seguir polarizando a la gente porque sabe que al día siguiente de que deje el gobierno, todos los enemigos que ha creado entre empresarios, medios de comunicación, periodistas, intelectuales, etc., destrozarán su imagen y la de su gobierno.

En las últimas semanas se ha visto a un presidente desesperado, dispuesto a decir y hacer lo que sea por salvar su nombre y su popularidad, dispuesto a pasar por encima de la Constitución y las leyes para imponer sus decisiones y dispuesto a enfrentarse a todos aquellos a los que critican. fortalecer su alianza con sus seguidores.

Afortunadamente, su discurso aún no caló en la mayoría de la población, pero es de esperar que lo que resta de su sexenio lo radicalice y busque profundizar esa división. Piensa, y tiene razón, que sus seguidores serán los únicos que defenderán su proyecto y su 4T cuando se vaya.