Opinión

AMLO a la mitad del camino

A partir de ahora, el mandatario intensificará sus intenciones de cambio e intentará consolidar avances, especialmente en sectores clave como la administración de justicia, el social y económico:

1. Justicia: mejora sustancial en la aplicación de la justicia y fortalecimiento del estado de derecho. En los tribunales de todos los asuntos, desde el administrativo hasta el laboral, salvo excepciones, aún existen acciones para frenar el cambio. Es sabido por todos cómo en todos los asuntos son detenidos por los órganos jurisdiccionales tanto en materia administrativa, fiscal e incluso judicial. Por otro lado, la sociedad mexicana está sufriendo los efectos psicosociales y económicos del largo encierro. En el área de la salud, no solo será necesario continuar con el tema de Covid, que no será lo único; hay tratamientos para los más necesitados que han quedado pendientes. Al mismo tiempo, ha ido surgiendo el problema vinculado al crecimiento de los trastornos de salud mental como el estrés, la ansiedad y la depresión, que el Estado debe tratar de abordar en la medida de sus posibilidades. El regreso a la escuela es complejo; Los niños y jóvenes han disminuido su capacidad de socialización y habilidades cognitivas, perdido estudios decisivos e, incluso, continuidad y deserción. A esto se suma el costo de rehabilitar las escuelas que ya no se utilizaron durante aproximadamente un año y medio.

2. Economía: se enfrentan tensiones tanto en el ámbito fiscal como monetario. Por el lado fiscal, habrá falta de recursos para cubrir el gasto y la inversión, al mismo tiempo, surgen compromisos contingentes como desembolsos extraordinarios en salud, educación y desastres naturales. Siguiendo esta lógica, el gobierno federal propuso un ajuste en la miscelánea pendiente de mayor recaudación como resultado de la expansión de la base de contribuyentes y la recuperación económica. Sin embargo, el punto es que el resto del país también necesita dinero. La inversión del sector privado tiene que fluir ya que el gobierno no puede simplemente impulsar un mayor crecimiento. Bajo las nuevas reglas del juego basadas en la ética, los individuos y el Estado deben trabajar juntos para evitar que la economía se deshidrate. Habrá que calibrar el equilibrio entre las necesidades financieras del Estado, mayor inversión y reanudación del crecimiento para evitar presiones. Por el lado monetario, los desequilibrios inflacionarios continuarán presionando las tasas de interés y el peso. Es previsible que, de continuar la recuperación desigual entre las economías del mundo, la inflación no será un fenómeno temporal porque mientras EE.UU. y China avanzan en su recuperación, los proveedores de materias primas seguirán rezagados, provocando desequilibrios en las cadenas de valor.

La efervescencia política no se detiene desde hace 3 años, se intensificará significativamente, lo que puede hacer que estos desafíos no se aborden adecuadamente e incluso los cambios propuestos encuentren más obstáculos.

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