Opinión

Amarte

Me disculpo, hoy me siento audaz y descarada, con ganas de desafiar al mismísimo gobierno y de plano hablar de un tema conservador, fifí y neoliberal. Ya, ¡fuera máscaras!, quiero hablar de ciencia y especialmente de la carrera espacial. ¿Habrá acaso algo más capitalista que tener la pretenciosa idea de conquistar el universo?

Y es que, de plano, como están las cosas aquí y en buena parte del mundo, me siento en el deber de compartirles la idea de que tenemos que, urgentemente, tratar de salir de la tierra.

La idea es tan buena, en estos tiempos revueltos, que hasta parece mía, pero… no lo es. La mera verdad es algo de lo que vienen hablando científicos de todo el mundo y de lo que habló con erudición, mucho y bien el gran Stephen Hawking hace ya algunos años.

Este destacado astrofísico del Reino Unido nos alertó, antes de morir, de que ha llegado la hora de llegar al infinito y más allá (como dirían en Toy Story). Y es que —sigo con Hawking— entre 200 y 500 años será posible realizar viajes interestelares y que un grupo de humanos sean capaces de abandonar la tierra. 

El científico pensaba que la vida inteligente es poco frecuente en este universo (y muy poco frecuente también en algún país y en algún momento) y que por lo tanto ante la extinción masiva de especies. la deforestación y el cambio climático (muestras todas de la acción destructiva de los sapiens) había llegado el momento de emigrar porque la humanidad es una especie que a mediano o largo plazo lo deteriora todo. De acuerdo, creo que no nos va a quedar otra opción.

Por todo lo anterior y en medio de todas las tragedias que hoy vivimos en este pandémico planeta, recibí con entusiasmo la llegada de la rover Perseverance al planeta rojo. ¡Al fin una salida ante tanta demagogia e ignorancia en este mundo! Aunque lejana, eso sí. 

Para la niña prodigio Greta Thunberg las cosas no están así de claras y prefiere que en lugar de gastar 2,500 millones de dólares para intentar descubrir vida extinta en Marte nos ocupemos aquí y ahora de resolver el problema del cambio climático.

A ella muchos le han contestado (y con razón) que gracias a la carrera espacial que nos llevó a la luna y todo lo que se derivó de ella, se han tenido grandes avances en medicina, desde las tomografías hasta el termómetro infrarrojo, se han salvado muchas vidas gracias a los trajes de los bomberos con materiales desarrollados a partir de los trajes de los astronautas, apareció esa maravilla para la ropa que es el velcro y finalmente las comunicaciones a distancia se desarrollaron y perfeccionaron por el afán de cumplir ese sueño romántico de llegar a la luna. 

Invertir en ciencia sí conviene, Greta, le dicen, sí reditúa y una investigación aparentemente sin una aplicación inmediata te puede llevar a logros insospechados en beneficio de todos.

Pero en México, ya que somos tan ingeniosos y con la changues acostumbrada tenemos una tercera posición que no pasa ni por invertir en ciencia, ni por dedicar esfuerzos y recursos para cuidar a nuestro deteriorado entorno, ni mucho menos por viajar a Marte, lo que es ¡asombroso!

¿Cuál es esa insólita tercera posición? pues que te valga madres todo, como hace unos días pudimos verificar al discutirse en la Cámara de Diputados la mal llamada Reforma Eléctrica. Y pudimos ahí deleitarnos viendo a muchos originales sapiens avalar el regreso a las energías fósiles, el uso de carbón y el combustóleo, el desprecio por las energías limpias y otras lindezas propias del siglo XIX. Y bueno, de ir a otros planetas, pues ya ni hablamos.

En fin, triste y acongojada después de ver esa larga sesión llena de anacronismos, lealtad ciega, ignorancia e indiferencia hacia el presente y futuro de México, me enamoré de Marte.

Amarte Marte es lo único que por ahora me queda mientras seguimos luchando.

¡Vamonos!

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