Economía

La crisis es sanitaria, pero se debe arreglar desde la economía: el papel de la formación de economistas en la pandemia

Ilustración: Nayelly Tenorio

 

La recesión actual ha tenido un impacto y alcance similar a las grandes crisis globales como la del 2009 o el crack bursátil en 1929, sin embargo, esta tiene implicaciones particulares: es una crisis sanitaria que encuentra gran parte de su solución en las decisiones económicas.

El papel y la acción de los economistas y las autoridades de gobierno es fundamental no sólo para la profundidad de la recesión y sus consecuencias, lo es también para el tiempo y la forma de la recuperación. Economistas expertos en docencia, investigación y política pública coincidieron en la importancia de adaptar la enseñanza económica a la eventualidad que representa la pandemia, que, además, no parece alejarse pronto.

Aunque podría pensarse que la capacidad de respuesta a una crisis como la que está experimentando el mundo es la que los estados tienen en términos sanitarios o de sistemas de salud, la verdadera respuesta es la fiscal, la salida se tendrá realmente “en las finanzas y en la capacidad de nuestra economía para responder a este cambio”, afirmó el Dr. Antonio Ibarra, profesor en la Facultad de Economía de la UNAM durante el seminario La enseñanza de la Economía convocado por el CIDE.

El trabajo de los economistas en términos de previsión, documentación y comunicación del impacto de la crisis también ha sido clave para desmantelar problemáticas que a primer a vista son sociales, pero que tienen una fuerte concentración de política económica detrás. En su intervención, la Dra. Aurora Gómez Galvarriato destacó las enormes brechas de desigualdad en el caso de México que ha quedado expuesta y que polariza de manera desproporcional a ciertos grupos de la población.

Aunque efectivamente, el análisis económico desde la academia ha fungido como pieza fundamental para entender la crisis, también se observa que los economistas en puestos de decisión han fallado en el sentido de prever y solucionar. Esto sugiere que existen lagunas en el proceso de formación de los economistas, es decir, teorías o cuestiones que se habían dejado de lado en la ciencia económica y que ahora son fundamentales para entender la crisis y formular estrategias de recuperación.

“En esta pandemia el mantel se ha corrido y lo que había debajo de la mesa ha aparecido con toda brutalidad. Fundamentalmente el problema de la desigualdad económica (…), la asimetría de productividades y la vulnerabilidad de algunos estados para hacer frente a tareas sustantivas, como el tema de la salud”. Esta situación expone lo que ha sido desde antes de la pandemia el problema de la desregulación sanitaria y eso no tiene que ver exclusivamente con la inacción estatal en el sistema de salud pública sino también tiene que ver con lo que se pensaba que se solucionaba a través del mercado y que ahora se observa que realmente encuentra solución en decisiones políticas, dijo el académico de la UNAM, Antonio Ibarra.

La formación de los economistas debe refundarse y replantearse teorías que no sólo acompañen la realidad, sino que se anticipen y corrijan, debido a que, hasta el momento, la enseñanza económica no ha cumplido sus fines. Ibarra cita un documento elaborado por Enrique Cárdenas publicado en la Revista UNAM, en el que se hace una crítica a la gestión política del gobierno en medio de la crisis Covid-19 y en donde expone que los economistas en este momento han planeado mal y no han creado escenarios para resolver y anticipar.

Esta situación se presenta como una experiencia de aprendizaje que sugiere que el saber técnico de la economía debe ser desde la mirada sociológica, antropológica y de nuevas teorías de intervención estatal, enfatizó el académico de la UNAM.

La Dra. Gómez-Galvarriato también enfatizó en la exacerbación de las brechas de género y la necesidad de formar economistas bajo esta lupa de interseccionalidad. Las mujeres son el grupo vulnerable más grande de la población; previo a la pandemia las desigualdades económicas persistían, ahora se han profundizado especialmente en ámbitos como la participación laboral, la informalidad, el rezago profesional, la sobrecarga de labores domésticas, la brecha salarial y los techos de cristal.

La ciencia económica es el camino con mayor importancia para la recuperación de una crisis sanitaria como la que se vive en la actualidad; no basta con formar más especialistas en la materia, adicionalmente, hay que replantear las fórmulas que se enseñan, incentivar la perspectiva interdisciplinaria y generar acción global y conjunta entre agentes económicos y entre naciones, coincidieron ambos ponentes.

Economistas formados a través de las pantallas

Otra de las grandes transformaciones que ha catalizado la pandemia es la de la educación digital, aunque los sistemas educativos en línea ya eran una realidad y opción de formación profesional para muchas personas, la emergencia sanitaria ha acelerado la digitalización de ámbitos como el escolar.

Los académicos coinciden en que la formación a distancia abre también la puerta al aprovechamiento de muchos recursos digitales que en modalidades presenciales no suelen usarse. Adicionalmente, se abre la puerta para extender el conocimiento con aportaciones de especialistas, docentes o expertos internacionales que, de otra manera distinta a la virtual no podrían presentarse en universidades o centros educativos.

La formación de profesionistas en línea, si bien puede ser excluyente para una parte de la población, también puede tener un efecto positivo en términos de alcance del conocimiento, comentó la académica de El Colegio de México, ahora las clases no sólo son para los 20 alumnos que están inscritos, sino que se pueden extender para muchos más oyentes.

En el otro lado de la moneda, además de la posible exclusión digital, entre las áreas a trabajar en el nuevo modelo educativo se encuentra la salud emocional. El desempeño académico de los estudiantes en general puede verse afectado por estrés colectivo propio de una crisis y con esto no sólo las notas sino en general, la capacidad escolar de generaciones completas.

A lo que hay que apuntar es a “un nuevo perfil de economista de la salud, un experto que tenga la capacidad de ser un testigo que, a la vez, indague y proponga. Que sea un investigador social de campo, ya no de gabinete”, concluyó el docente de la UNAM.

ana.garcia@eleconomista.mx

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