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Crisis eléctrica costará un punto del PIB: Concamin

Foto EE: Natalia Gaia

 

El clima extremo en Texas y las restricciones de abasto, demostró la fragilidad del sistema energético y productivo mexicano, que se suman a los efectos del Covid-19, lo cual llevará a que la economía mexicana enfrente un impacto negativo, cuyo costo será de hasta un punto del PIB en febrero y se extenderán a los primeros días de marzo, consideró José Luis de la Cruz, presidente de la Comisión de Estudios Económicos de la Confederación de Cámaras Industriales (Concamin).

“El incremento súbito en el precio del gas texano (hasta 6,000%) y el cierre de su venta fuera del estado de origen, repercutieron en el paro parcial o total de las empresas mexicanas afectadas. Mostró la fragilidad del sistema energético mexicano”, sostuvo el analista.

Anticipó que durante el primer trimestre de este año, la economía nacional retrocedería cerca de 3.5%, de modo que será hasta abril cuando se presenten datos positivos en materia de crecimiento.

“La crisis energética desatada por el clima en Texas causó un desabasto de gas y energía eléctrica en casi todo el país, aunque tuvo su mayor fuerza en la actividad económica e industrial del norte de México, justamente en donde había iniciado el proceso de recuperación productiva”, lamentó.

Precisó que las manufacturas de exportación asociadas a sectores como el automotriz, la producción de equipo eléctrico, electrónico, de cómputo, maquinaria y equipo, entre otros, son quienes habían reestablecido su ruta de recuperación económica, pero la falta de combustible llevó a que fueran, principalmente las más afectadas.

De igual forma afectó la industria esencial para la proveeduría de insumos que se requieren tanto en los sectores mencionados como en la construcción, minería, la manufactura, el comercio internacional y el doméstico en general.

“México no puede excluir ninguna de las formas de generación de energía: debe considerarlas como un complemento para garantizar su seguridad energética, crear una matriz de producción de energía balanceada, ello implica el impulso tanto de las fuentes tradicionales como de las renovables que tienen un menor impacto negativo sobre el medio ambiente”, consideró De la Cruz.

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